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miércoles, febrero 04, 2009

No estaba muerta... Andaba en Acapulco!

La vista desde la ventana ©Stephen Voehl 

Pues sí, aproveché que había puente y que me invitaron, para darme una escapadita (y una bronceadita que ya me hacía falta). Con compu en la maleta, porque teníamos tarea que hacer, me fui para Acapulco a disfrutar de un fin de semana largo con mis compas, primos, amigos y demás familiares.
Y bueno entre el burumbún de salir el viernes, con el montón de tráfico que había y luego que no teníamos conexión a Internet allá y la salidera a cuanto "antro" hubiera, no pude felicitar a Billy en su cumpleaños... 
No les ha pasado que están desde una o dos semanas antes diciéndose a sí mismos: "tal día cumple Fulanito, no se me vaya a olvidar", "Sutanita, acordate que el sábado cumple Fulanito, hay que llamarlo..." y así por el estilo. Y llegado el día, por A o por B, ni llamás, ni mensajito y te das cuenta hasta al día siguiente o dos o tres días después, que no le dijiste nada...
O peor aún, te encontrás a la persona frente a frente y no le decís ni pío...  a menos de que tenga fiesta planeada y te invite, o todavía peor... te quedaste sin ir a la fiesta porque como no le dijiste nada, no te invitó!
En fin, que eso me pasó este fin de semana, por andar viendo las hermosas vistas acapulquenses (no sé si se dice así) y dejé al pobre Billy solo, triste y abandonado en California. Tampoco llevaba mi celular de allá como para mandarle un mensajito. Como dicen acá: "¡qué oso!" Y ahora a ver como arreglo la torta :oS
Del paseo, paseo, esperen la segunda parte... con mi crónica y mis refelxiones acerca de lo que es "salir" en México.

lunes, septiembre 24, 2007

Arroz con pollo para el alma

Y del mejor de todos: el de mi mamá. Nada se compara con un remedio como este para quitar el estrés, la saturación mental y el agotamiento…
Además de un poco de ejercicio matutino para el cuerpo y la musica nocturna de Mozart para el espíritu, un arroz con pollo con bastante salsita y una siesta por la tarde en medio de una fiesta, de verdad que pueden hacerlo revivir a uno, quitarle el cansancio y tranquilizarle el alma.
Al despertar, movida por los aplausos del improvisado concierto de guitarra que dio mi hermano en la sala, corroboré la alegría de la cumpleañera que, rodeada de flores, de sonrisas y de un par de lagrimitas, llegaba a sus ochenta primaveras… como si estos casi 30 años de conocerla no hubieran pasado por ella.
Mi abuelita, delgadita y menuda, es todo un ejemplo de fortaleza y constancia frente a la vida. Para quien no la conoce, es difícil imaginar la tenacidad y la valentía que hay tras esa vocecita aguda y ese cabello tan blanco como su nombre.
Es la dulzura y el cariño concentrados en una persona, cocinados en un tamal asado que todos alabamos al llegar a su casa. Por eso, compartir esta vez un arroz con pollo en la mía, para festejar tenerla con nosotros igual de activa como siempre, ha sido una verdadera dicha de la que no todos pueden disfrutar.
Pensar en esas cosas es lo que me hace continuar. Valorar esos pequeños y hermosos detalles que trae incorporados la vida, es lo que me hace sonreír y dejar de preocuparme por otras cosas que a la par de ochenta años de vida, tal vez no son tan importantes, o puede que si lo sean, pero ya pasaron o todavía no se han dado y no es tiempo de pensar en eso…

miércoles, julio 25, 2007

Veintitodos

Queque. Y candelas para ponerle… hace unos años ya no nos alcanza con un solo paquetito de esos de 24 velitas. ¡Qué se le va a hacer! Crecemos.
Ya no hay piñata de superhéroes, ni bolsitas con confites. Tal vez haya helados, pero cambiamos los de naranja-piña (¡ya ni los hacen!) por los de ron con pasas.
Quisiera escribir algo que te pudiera dar ánimos, quisiera decirte que seremos como Peter Pan y que permaneceremos por siempre jóvenes, pero eso no está en mis manos. Crecemos.
Lo que menos quisiera es que estés triste o angustiado por canas que ni te han salido... la verdad es que aunque no sepamos cuándo nos iremos de aquí, del mundo, siempre hay que pensar que llevamos en realidad muy poco camino recorrido.
En mis manos y en mi voz solo está poder decirte lo bueno que has hecho y lo bueno que te falta por hacer… Los hermosos recuerdos que has ido creando en quienes hemos caminado a tu lado, uno o varios pedazos de tu vida. Sean trayectos cortos o largos.
De las complicaciones, o de lo que no hiciste, no vale la pena hablar, ni siquiera acordarse.
Crecemos. Como personas, como individuos. También crecemos como amigos, como hijos y como profesionales. Crecemos con el cariño y con el amor que nos dan y que les damos a los demás.
Nos poníamos a llorar si nos quitaban algunos de los confites que agarramos en la piñata, para darles a nuestras hermanitas menores… Tiempo después, hemos comprendido lo que significamos para ellas, cuánto nos admiran, cuánto nos imitan y cuánto cariño recibían en cada uno de esos confites que les dábamos, en nuestro cumpleaños, a esas pulgas. A esas enanas que ya están casi de nuestro tamaño, o más altas, pero que todavía les alcanza la caja de 24 candelitas para ponerle a su queque. Crecemos.