El tempo, el nombre y la ilusión. No sabía que la felicidad podría tener un número específico y constante. O que el brillo de la luz en la mirada de dos personas se pudiera medir en palpitaciones.
"Un corazoncito... -me decían- Nada puede superar saber que hay otro corazoncito latiendo a 156 beats por minuto, nada... Es indescriprible esa sensación y es una alegría y una emoción inmensa poder escuchar una vida tan pequeñita latiendo con tanta fuerza".
Y yo sentía las lágrimas que se me querían salir por mis ojos y pensaba si mis padres hace 30 años se sentían tan contentos al escucharme desde mi mundo interno, así como Miguel y Adri lo están ahora.
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lunes, diciembre 24, 2007
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